Si llevas un tiempo leyendo mis emails, sabes que los acentos provocan ciertas reacciones en las personas: risa, rechazo, indiferencia, asco.
A los que hablamos idiomas extranjeros nos gusta pensar que no es así.
A mí también me encantaría tener un mejor acento en inglés, en francés y en italiano, pero mientras no trabaje más en la forma en la que mi boca se mueve, eso no va a pasar mágicamente.
Y me cagaré en todo cada vez que me toque tener una cita en inglés y no poder ser yo misma al 100%.
Asumo las consecuencias.
Pero no me auto-engaño diciendo que mi acento español en inglés es sexy y romántico o que como soy igual de guapa que Sofía Vergara voy a conseguir una segunda cita sí o sí.
No funciona así, por muchas ganas de follar que tenga el tío.
Teniendo esto en cuenta, tú tienes dos opciones:
Ser la persona que lucha contra los prejuicios de los acentos y querer cambiar el mundo. “Ayyy, la vida es injusta, nadie debería discriminar a otra persona por su acento, igualdad de oportunidades!!!” cuando tú mismo lo haces.
No sé, eso de cambiar el mundo me parece una forma de idealismo adolescente que luego con el paso del tiempo y la vida adulta ya se pasa la tontería.
Asumir la realidad y TRABAJAR en tu acento.
¿Cómo?
Comiendo.
Na, es broma.
Reservando un diagnóstico de pronunciación conmigo.
10 segundos me bastan para decirte qué vocal no está en su sitio, dónde se escucha qué naciste en el norte de Alemania o cuánto tiempo dedicaste a tu pronunciación.
Entiendo si te da miedo, pero te juro que no muerdo.
Reserva tu diagnóstico aquí.
Un abrazo,
Clau

Hay también una tercera opción: dejar de salir con gente que lleve pulseritas con la bandera de España