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Desde pequeña me obsesiona cómo públicamente se ocupan los espacios.
Por ejemplo, en la escuela, la mayoría del espacio lo ocupaban los niños jugando al fútbol en el campo.
Amplio, abierto y legitimado.
Las niñas saltábamos a la cuerda en los bordes o donde podíamos.
Discreto, lateral y reducido.
Era lo que había.
Si me preguntas lo que sentía en aquellos momentos, es difícil de explicar. Esos recuerdos quedan atrás, pero si me esfuerzo… Te diría que quizás algo de impotencia y una pequeña tristeza que quería asomarse pero no encontraba en ninguna parte el impulso que le hacía falta para salir a la luz.
Los ejemplos que me encontré después a lo largo de mi vida son similares, aunque no siempre son cuestiones de género.
Por ejemplo, en la universidad, los grupos más ruidosos ocupaban sistemáticamente las mesas centrales de la biblioteca o de la cafetería.
También lo vi en espacios laborales. En salas de reuniones, por ejemplo, los puestos de cabecera o los asientos centrales suelen ocuparse primero por quienes tienen, o sienten que tienen, más autoridad.
Quienes dudan, quienes llegan después y quienes no quieren incomodar se distribuyen en los márgenes de la mesa o contra la pared.
Esto, nos guste o no, es así.
Las jerarquías siempre existieron y todavía existen a día de hoy. Una de las formas en las que estas aparecen y se manifiestan es, como te digo, en el espacio físico.
En el espacio sonoro ocurre esto también. A la gente no le gusta escuchar esto pero hay voces que colonizan habitaciones enteras y otras que no son capaces de generar impacto.
Por eso creé mi podcast para mejorar tu pronunciación.
Con mi podcast, puedes ocupar el espacio en el mundo que te dé la gana, con quién te dé la gana y cuándo te dé la gana.
Cuando tienes la seguridad en cómo pronuncias, empiezas a hablar sin dudar en situaciones que nunca imaginarías, porque no te da miedo ni cómo suenan tus cuerdas vocales en español ni cómo se mueve tu lengua.
Tu acento, tu forma de articular, de modular, tu ritmo… Todo eso son factores magnéticos, son imanes que hacen que la gente que quieres que se quede se quede.
Y las relaciones superficiales terminan y por fin tu español sirve para algo más que para hablar de qué tal las vacaciones o de qué come tu mascota.
Es verdad que las jerarquías existe y la repartición del espacio es injusta. Pero puedes quedarte de brazos cruzados llorando por lo injusta que es la vida… O puedes coger el toro por los cuernos y hacer todo cuanto está en tu mano.
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Un abrazo,
Clau
