Mi etapa en una secta.
Si llevas un tiempo aprendiendo español, es muy probable que alguien te haya dicho algo parecido a esto:
Hay tres tipos de condicionales.
La primera expresa algo probable. Si estudias, aprobarás.
La segunda, algo improbable. Si me tocara la lotería, me compraría una mansión.
La tercera, algo imposible. Si no hubiera llovido, habría ido a la playa.
Y asunto resuelto. Pa’ tu casa y no hagas muchas preguntas, por favor. No vaya a ser que el señor que va por las mañanas a esa cafetería diga un ejemplo delante de tu cara que contradiga lo que te acabo de explicar.
Durante años yo también me creí esas reglas. Las enseñaba así.
Terminaba mi clase, cerraba el libro, salía a la calle y de repente, mandando audios por whatsapp, me daba cuenta de que yo misma usaba frases condicionales que no encajaban en aquellas tres estructuras tan perfectamente ordenadas.
Decía cosas como:
Si tienes un rato mañana, vienes y lo vemos.
Si llovía, no íbamos a la playa.
Si hubieras avisado antes, igual te ayudaba.
Algo no me cuadraba.
O todos los nativos hablábamos mal...
O las reglas que aparecían en los libros estaban contando una historia demasiado simple.
Definitivamente yo no era el problema, y tampoco mis amigos.
Todo el mundo construía frases condicionales que se salían del esquema. Y, para sorpresa de nadie, funcionaban.
Todo el mundo las decía y nadie miraba a nadie sorprendido. Seguíamos con nuestra vida.
Sin embargo, era yo la que volvía al trabajo al día siguiente con la misma cantinela: a ver, chicos, hay tres tipos de condicionales en español.
Hasta que empecé a sentirme MUUUY incómoda. Escribía en la pizarra con un nudo en la garganta.
Mi cuerpo gritaba una incoherencia absoluta.
Síndrome de la impostora, pero esta vez era real: yo era la impostora.
Por eso empecé a investigar, a escuchar con atención.
A observar cómo construían las frases los nativos.
A preguntarme qué lógica había detrás de decisiones que, según los libros, no deberían existir.
A buscar los patrones que nuestro cerebro sigue de forma automática cuando hablamos.
Y justo después salí de la secta de las tres condicionales, las reglas fijas y los dogmas de mierda.
Es una historia bonita, ¿eh?
Y por eso creé El arte de lo posible 🎨
Un vídeo que dura 27 minutos y cuesta 40€
27 minutos más tarde, vas a dejar de pensar: quiero usar el segundo condicional.
Vas a pensar: ¿qué quiero transmitir?
Y el tiempo verbal saldrá solo. Casi por arte de magia.
Y luego te sorprenderás a ti mismo pensando: joder, justo eso acaba de salir de mi boca?
Esto significa que ya no te vas a quedar bloqueado en conversaciones pensando en reglas absurdas.
Ese tiempo vas a poder invertirlo en hacer bromas, tontear y prestar más atención a la reacción de la gente que a tus propias palabras.
Y me da igual si empezaste a estudiar español hace un año o si llevas 20 años yendo y viniendo a España, México o Perú. Es imposible que veas este vídeo y tu español no mejore de forma inmediata. Imposible.
El arte de lo posible 🎨 se consigue aquí.
Un abrazo,
Clau

