Si los españoles no te interrumpen, es mala señal.
Después de años observando diferentes dinámicas en las conversaciones como:
quién toma la palabra primero
cómo se marcan los silencios y quién está cómodo con ellos
qué voces vale la pena escuchar y por qué
cómo el lenguaje corporal te releva muchas veces más que las propias palabras (el cuerpo nunca miente)
Me doy cuenta de que el hecho de que te interrumpan no es tan malo como nos cuentan. Especialmente en España.



Si los españoles te interrumpen, significa que tu pronunciación empieza a alinearse con la suya.
Y si pasa lo contrario, si nunca jamás te interrumpen, no es que justamente hayas dado con españoles muy educados y amables, es que tu español se percibe como un objeto de porcelana. Frágil, tanto que no puede ni rozarse, parece que nuestras palabras no pueden ni tocarse con las tuyas.
Lo explico mejor: si todavía hablas con los sonidos o con el ritmo de tu lengua materna (inglés, ruso, alemán, me da igual), tu manera de hablar hace que nosotros desaceleremos para entenderte. Esperamos, pausamos, traducimos mentalmente tus palabras. Y por último: no nos arriesgamos a completar tu idea (o a introducir la nuestra) porque todavía no estamos seguros de cómo se sostiene tu frase en el flujo del idioma.
Cuando tu pronunciación no está on point, es más difícil leer lo que estás diciendo y lo que vas a decir, así que estamos obligados a fruncir el ceño y hacer un esfuerzo constante de descifrar, sobrepensar, intuir. Y eso es lo último que quieres cuando hablas con un nativo.
No quieres que se esfuercen, quieres que el español sea algo secundario en la conversación y que te interrumpan sin culpa.
Que te interrumpan en España es buen síntoma. Indica que estás dejando de ser un sujeto pasivo del español y empezando a formar parte de la conversación de forma activa.
Si quieres empezar a celebrar cada interrupción, suscríbete a mi podcast:
Con cada episodio y poniendo en práctica cada técnica que instruyo, los nativos ya no nos sentiremos obligados a frenar contigo. Podremos movernos, gesticular, entrar en la conversación sin miedo, porque tu acento ya no parecerá de porcelana.
Un abrazo,
Clau

