Si tu acento no mejora, no es una coincidencia.
Después de nueve años enseñando español, sé que no es una coincidencia que tu acento no mejore.
Trabajar en tu pronunciación hace que te sientas incómodo porque te obliga a parar. Te obliga a sacrificar velocidad y empezar a centrarte en lo que llevabas ignorando tantos años: los sonidos, la lengua, la mandíbula, la apertura de la boca, los encadenamientos. Eso molesta porque parece que todo tu progreso se detiene y de repente, aprender sobre anatomía para que tu R esté en su sitio parece un paso atrás.
La pronunciación te hace coger un texto o un audio y diseccionarlo las veces que sean necesarias. Ya no es tan importante saber qué significan las palabras sino entender cómo vive ese texto en tu boca, cómo se comporta es decir, qué forma tiene ese texto cuando lo pronuncias en voz alta.
Si tienes que repetir 170 veces una combinación chunga de dos consonantes, no te queda otra que pararte, pasar tu lengua por tu boca, relajar, tensar y encontrar el punto correcto hasta que, por fin, sale.
La pronunciación es así: repetitiva, mecánica y cero glamurosa.
La pronunciación no lleva consigo una gratificación instantánea como todo lo que hacías antes: consumir podcasts intelectuales y sentir que lo entiendes casi todo. Eso alimenta tu ego.
Recuerda: a nadie en ninguna cena entre amigos le sorprende que conozcas los 30 significados del verbo “echar”, pero que suenes como una persona que creció toda su vida bajo el sol alicantino, sí. Cuando tu acento está al mismo nivel que el nuestro, la energía en la mesa cambia. Las conversaciones dejan de ser funcionales y de repente, empezamos a hablar contigo sobre temas íntimos y picantes.


En definitiva: la pronunciación te hace parar y no todo el mundo está dispuesto a eso. Pero yo sé que tú sí.
Por eso mismo, creé mi podcast sobre pronunciación. Te explico qué tienes que hacer con tu boca para sonar como nosotros. Te digo dónde tiene sentido hacer una pausa y dónde no, qué errores corrijo al 100% de mis estudiantes sin excepción y cómo sonar como si hubieras estado hablando solo con españoles durante los últimos 12 años, habiendo pasado todo ese tiempo sin una sola conversación en tu lengua materna.
Así que, Mari Pili, si sabes que tu acento ya no puede seguir siendo el techo de tu español, suscríbete aquí:
Un abrazo,
Clau
